Hace algunas semanas el país estuvo a la expectativa de lo que sería la aprobación a la revocatoria que evitaría la adopción por parte de parejas del mismo sexo, solteros y divorciados. Sin lugar a dudas, fue un tema de gran debate ante la opinión pública y los distintos sectores involucrados.

Por su parte, quienes acogen pensamientos conservadores y hasta bíblicos, ven el hogar conformados por papá y mamá como el mejor escenario para la adopción. Contrario a ello, están quienes ven con aceptación el que, cualquiera sea la preferencia sexual de la persona o el estado civil, puedan tener la oportunidad de criar un niño.

El llamado que hicieron los sectores que favorecen los principios bíblicos en cuanto a la familia y la crianza fue de activar jornadas de oración y ayuno por la situación en particular. En contrapartida, la oposición que vio como “intolerante” el hecho revocatorio, se propuso salir a las calles a marchar para pregonar tan “absurda” iniciativa.

En verdad, es de admirar la forma en que vehementemente la senadora Viviane Morales quiso promover los valores bíblicos, persuadiendo a las esferas del gobierno para estimular lo que Dios ha propuesto para los niños. Aun desde el ejercicio gubernamental, es posible llevar a la sociedad a que se considere la voluntad de Dios.

Sin embargo, el arduo trabajo en el senado, la oración y el ayuno, ¿son suficientes para mover a la sociedad a pensar más bíblicamente? No dudo de las capacidades que Dios pueda dar a ciertas personas para difundir principios bíblicos en el gobierno. Las mismas Escrituras están saturadas de vastos ejemplos: uno de ellos es el de Josías, quien, naciendo en cuna de padres idólatras y abominables a Dios, cuando se vio confrontado con la Ley de Jehová, inició reformas radicales en medio del pueblo, que llevaron a Israel a ir en pos de Dios nuevamente (2 Crónicas 34:3-35:27).

Tampoco dudo de la oración, porque es la herramienta extraordinaria de Dios para que en total dependencia en Él, le busquemos y anhelemos. La oración tiene tal poder, que Dios actúa de formas asombrosas y el creyente procura este ejercicio piadoso antes que cualquier cosa (Filipenses 4:6; Santiago 5:16). Y ni qué decir del ayuno, puesto que por esta práctica espiritual estamos entregados al Señor como nuestra vida misma. Con el ayuno estamos mostrando que nuestra hambre y sed, sólo pueden ser saciados por Cristo, el agua y pan de vida (Mateo 9:15).

Así que, ante la eficacia de estas formas de participación espiritual, se podría creer que sobra la pregunta “¿Es suficiente?” No obstante, deseo afirmar que ¡sí, no es suficiente! La participación sensata en el gobierno, la oración y el ayuno, no son garantías para persuadir a la sociedad a algo mucho mayor. Lo digo porque muchos grupos pretenden participar legítimamente de esta forma en búsqueda de la voluntad de Dios, pero por otro lado están negando la eficiencia de la cruz de Cristo.

¿Cuántas de esas personas que pregonan los valores bíblicos en el gobierno, lo ejercen en casa? ¿Cuántas de esas personas que se muestran fervientes en la oración, se preocupan por tener matrimonios que reflejan la perfecta unión entre Cristo y la iglesia? ¿Cuántas de esas familias que se preocupan por que los niños sean adoptados por parejas heterosexuales, crían a sus hijos en disciplina y amonestación del Señor?

Aparentar piedad y vivir religiosamente es fácil; predicar valores e incentivar la moralidad es posible. Pero vivir por el Evangelio y para la gloria de Dios es la expectativa que el mundo requiere ver. Lo que necesita el mundo es observar a un Dios real que actúa en creyentes reales.

Lo que necesita la sociedad de hoy es verse persuadida por hogares en donde el esposo ama a su esposa incondicionalmente y la esposa ama a su esposo en correspondencia y respeto (Efesios 5:21-33). Lo que necesita hoy en día la humanidad es asombrarse de cómo papá y mamá viven a Cristo para que sus hijos se alegren y quieran ser como Jesús (Efesios 6:4).

Tristemente, el “cristianismo” de hoy tiene “rabo de paja” cuando se identifica con la exhortación que Pablo le hace a la iglesia en Creta a través de su colaborador Tito: “Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.” – Tito 1:16. Ciertamente allí se habla de los falsos maestros que predican piedad, pero en privado son aborrecibles. Muchos son los que siguen dichos pasos.

La sociedad colombiana se ha hecho a una imagen de cristianismo falsa que pervierte las iniciativas bíblicas que se desean dictar, aun en instancias gubernamentales. Ante este panorama, los verdaderos creyentes, los que han nacido de nuevo, los que viven para Cristo y por Cristo, tenemos una amplia y poderosa oportunidad para inquietar a esta nación.

Si habremos de orar, que sea para que Dios actúe eficazmente en los corazones de los creyentes para llevar matrimonios que dependan de Él, hogares donde hombre y mujer cumplan su rol, no por el mandato, sino por el gozo de exaltar a su Señor, porque Sus obras son perfectas. Oremos por padres y madres que tengan un peso sentido por mostrar la pasión por Cristo a sus hijos y les disciplinen, no por su reputación como padres, sino por el testimonio de su Rey.

Si habremos de ayunar, que sea para que los creyentes tengan una sed y un hambre tal de Dios, que aun sus necesidades más básicas no los llenen ni se vean satisfechos por lo corruptible. Ayunemos para que nuestra intimidad y saciedad de Dios sea tan profunda, que sea difícil dejar de pensar en Él a cada instante.

No alimentemos la expectativa del mundo con falsas esperanzas, con limitadas promesas, con valores superfluos. Creyentes, dejemos ver que nuestro Dios es real y hace hogares reales, padres y madres reales, hijos reales, por Su gracia y para Su gloria. Vamos a trabajar, vamos a orar, vamos a ayunar, pero por sobre todo, ya no vivamos nosotros, sino Cristo en nosotros. Que nuestro pregonar, nuestro marchar, nuestro sentir sea el Evangelio, el cual es poder de salvación a todo aquel que cree (Romanos 1:16).

Creyentes, el mundo está a la expectativa. No lo dejemos esperando más. El enemigo está alimentándola con mentira, engaño, muerte; y nosotros que tenemos al Espíritu de Cristo, ¿por qué no cumplir dicha expectativa con un Evangelio que obra glorioso en nuestros corazones?

Mundo, esta es la realidad:

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Gálatas 2:20

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