El verdadero evangelio y la cultura de hoy

Cada época de la historia ha sido caracterizada por una forma de pensar específica. Nuestro tiempo aún respira el aire del existencialismo en el que se enseña que cada individuo tiene la capacidad de dar forma y propósito a su vida independientemente. En otras palabras, cada persona tiene la potestad de definir su razón de ser, su destino y lo que es bueno y malo para cada uno. Por eso, esta generación se siente atraída por lo que es revolucionario, lo que se sale del molde y del esquema; nadie tiene la autoridad ni el derecho de decirle a otro lo que debe hacer o lo que es bueno o malo, o simplemente proponer un estándar ante el cual todos deben someterse, esa idea se ve en nuestro tiempo como algo obsoleto, arrogante e inaceptable.

Por supuesto, esa forma de pensar genera consecuencias. Una de ellas evidente, principalmente en el ámbito académico, se da en cuanto a la verdad. El existencialismo no deja lugar a la verdad absoluta; de acuerdo con él, esta no existe porque cada uno tiene la autoridad de formar su propia verdad. De manera que si para una persona Alá es Dios y el Corán es la forma de vida que hay que seguir, pues para esa persona es verdad, y nadie puede decir lo contrario, aunque para otros sea diferente. De esa forma, el existencialismo deja al mundo sin base, sin estándares, sin fundamentos; nada nos dice qué hacer o qué pensar o qué caminos seguir, porque cada uno debe formar el suyo propio. No hay nada dicho, todo es relativo.

El problema es que aún cuando esa idea es completamente contradictoria e incoherente, casi todas las personas actúan de acuerdo con esa filosofía de vida. Es una idea contradictoria porque si yo digo: “No hay verdad absoluta”, entonces yo mismo estoy dando una verdad absoluta, que es: “No hay verdad absoluta”, y por lo tanto caigo en una contradicción. La verdad absoluta es necesaria, es imposible la existencia sin verdad absoluta, pero muchos son los que quieren vivir negando lo obvio. Esto trae consecuencias espirituales realmente importantes para el hombre, Jesús dijo: “Si ustedes permanecen en Mi palabra, verdaderamente son Mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Juan 8:31-32).

Si no hay verdad absoluta, si no existe la verdad, entonces no hay libertad, el hombre está esclavizado en un mundo de opciones que no llevan a ningún lado. La verdad absoluta es necesaria para ser libres y poder vivir una vida plena.

Otra grave consecuencia del pensamiento de nuestro tiempo está en el área moral. Nadie sabe lo que es bueno o malo. Por ejemplo, la indefinida controversia respecto al matrimonio igualitario no tiene solución final, porque para unos es bueno y para otros es malo, pero no hay nada ni nadie que determine lo que es bueno o malo, así que esa será una discusión que nunca tendrá fin, aún cuando todos los gobiernos del mundo lleguen a aprobarlo.

El grave problema es que el hombre no fue creado para vivir así. Él no tiene la potestad de decidir lo que es bueno y es malo, no es Dios, no es imparcial, es pecador, y por lo tanto todo lo que hace y piensa lo conduce hacia el mal. El hombre necesita un guía, un estándar que le indique lo que es bueno y es malo, lo que es verdadero y lo que es falso, lo que es hermoso y lo que es despreciable. Desde el principio, hemos querido hacerlo por nosotros mismos pero hemos fracasado, de eso se trató la caída de Adán y Eva, el hombre queriendo decidir lo que es bueno y es malo para sí mismo, pero nosotros no tenemos esa sabiduría y ese poder, no hemos sido diseñados para eso; sino que vinimos para seguir un camino, llamado Jesucristo. Por eso, Jesucristo dijo: “YO SOY el camino, la verdad, y la vida, nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6), en Él está la verdad, en Él está la vida, no una clase de vida, o un tipo de vida, sino la vida en sí misma, la vida real y plena.

Jesucristo dijo: “YO SOY el camino, la verdad, y la vida, nadie viene al Padre sino por mí”Juan 14:6

Entonces, alguien preguntaría, ¿por qué Jesucristo puede hacer una declaración tan radical que parece exagerada? La respuesta es simplemente que Él es nuestro Creador. Juan 1 comienza hablando acerca de Jesucristo, llamándolo el Verbo, y diciendo: “En el principio ya existía el Verbo (la Palabra), y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba (existía) en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:1-3). Todo ha sido hecho por medio de Jesucristo, Él es nuestro Creador, nuestra razón de ser, por lo tanto Él es el que define nuestra vida. Es como si yo diseño y construyo una silla, entonces le doy el uso que yo quiero, es mía, yo la diseñé, yo la cree, ella está sometida a mis propósitos. Es por eso que el texto bíblico más ofensivo para el mundo de hoy es Génesis 1:1, “En el principio Dios creó los cielos y la tierra.” Si Él es nuestro Creador, entonces nosotros estamos ligados a Él en propósito, existencia, razón, verdad, moral y en todos los ámbitos del ser. Todo lo que somos es por Él, es de Él y es para Él.

Es lamentable que las personas quieran vivir fuera del estándar de vida y existencia que es Dios. Y es lamentable porque son ellos mismos los que terminan odiando su propia vida en un nihilismo que no le ve ningún sentido o propósito. Pero tu vida sí tiene propósito y sentido, los que te da tu Creador, tu Dios, el Ser que da sentido y valor a todas las cosas; se llama Jesucristo, el verdadero significado de la vida. Conoce a Jesucristo, la vida y la luz de nuestro ser.

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