Hace unas semanas (10 de mayo de 2017), se debatió y se hundió en el congreso de la república el polémico proyecto de referendo liderado por la senadora Viviane Morales que buscaba hacer que los ciudadanos colombianos pudiéramos votar si aceptábamos o no que parejas del mismo sexo puedan adoptar. Al principio de la semana tanto la senadora, como otros representantes del pueblo cristiano en Colombia, pidieron a la iglesia cristiana orar y ayunar por la victoria ese día. Durante toda la semana pude ver una gran cantidad de declaraciones de creyentes en todo el país rogando al Señor porque este proyecto saliera victorioso. Incluso ese día vi en las noticias de medio día a un grupo de creyentes orando en la plaza de Bolívar, arrodillados en un círculo clamando al Señor por esta situación.

Es asombroso cómo el pueblo cristiano protestante ha llegado a tener influencia en este país, algo que hace unas décadas era impensable, y es maravilloso ver tantas personas que profesan la fe en Jesucristo decididos a levantar la bandera cristiana y no permitir la secularización de esta nación tan fácilmente. ¡Amén por eso! Sin embargo, no podía dejar de pensar si todos esos creyentes que escriben en Facebook y que se ven en las noticias saben cuál es la más importante necesidad del pueblo de Dios.

Los eventos de los últimos meses hacen ver con claridad que la iglesia cristiana en Colombia ha entendido la urgencia de impactar a esta nación con una moral cristiana, entrando a círculos influyentes de la política y usando los recursos tecnológicos existentes para hacerlo, y nuevamente: ¡amén por eso! Pero mi pregunta es si esa es la máxima necesidad del pueblo de Dios. ¿Qué es lo que el pueblo de Dios más necesita? ¿Impactar al país con medios políticos y sociales? ¿O hay algo más importante?

Lo que quiero argumentar es que lo que más necesitan los creyentes en Colombia, más incluso que impactar a la nación con una moral cristiana, es ser instruidos, edificados y guiados por una fiel predicación de la Palabra de Dios. La realidad es que los creyentes en Colombia carecen de un entendimiento contextualizado y teológicamente preciso de la Escritura. La iglesia cristiana en Colombia está más identificada con posiciones políticas que por el conocimiento profundo y serio de la Biblia. Y la razón es que se le da más importancia a ese movimiento político que a la predicación bíblica.

Nuestro Señor y los apóstoles en el Nuevo Testamento dejaron muy claro cuál es la prioridad de un pastor y de la iglesia de Cristo: Predicar la Palabra, conocer la Escritura, ser santificados por la Verdad de la Palabra de Dios. No significa que la iglesia cristiana no debería buscar impactar al país con una moral cristiana, pero eso no es lo más importante.

“Porque ya que en la sabiduría de Dios el mundo no conoció a Dios por medio de su propia sabiduría, agradó a Dios, mediante la necedad de la predicación, salvar a los que creen.” – 1 Corintios 1:21

El hombre no va a conocer a Dios por medio de la sabiduría humana, Dios decidió que el hombre no puede establecer una relación con Él por medio de su propia sabiduría, por eso necesita la predicación de la palabra de Dios; no una predicación centrada en los hombres, con “palabras persuasivas de humana sabiduría”, sino una predicación centrada en Cristo y en el evangelio. (1 Corintios 2:1-5)

“Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza; persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan.” – 1 Timoteo 4:16

La más alta necesidad del pueblo de Dios es la salvación, pero sin una enseñanza bíblica no hay salvación. Por eso, Pablo exhorta a Timoteo a tener cuidado de la enseñanza. Lo que un pastor debería cuidar con el mayor celo es: su vida de santidad y la enseñanza de la Escritura.

“Te encargo solemnemente, en la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, por su manifestación y por su reino: Predica la palabra…” – 2 Timoteo 4:1-2

No hay un encargo más solemne en la Biblia que este. Cristo va a regresar, y va a volver a juzgar a los vivos y a los muertos, por eso la labor principal de un pastor es: predicar la Palabra. Eso significa que lo que más necesita el pueblo de Dios es escuchar la Palabra de Dios. Más que hacer actividades divertidas, más que involucrarse en movimientos políticos y sociales, más que cualquier otra cosa, lo que el pueblo de Dios necesita es escuchar la Escritura predicada con precisión teológica, con profundidad, con centralidad en Cristo y el evangelio. Finalmente es la Escritura la que corrige, enseña, instruye y capacita al pueblo de Dios (2 Timoteo 3:16-17).

Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad. – Juan 17:17

Por último, es la Palabra de Dios la que santifica, no una moral cristiana. La moral cristiana es el producto de la exposición de la Palabra de Dios. No podemos pretender transformar a una nación a punta de simple moral. Lo único que transforma es la Palabra de Dios. Tal vez si desde los púlpitos de este país se predicara más la Escritura y menos política y simple moral, entonces veríamos a esta nación verdaderamente transformada.

Como dijo nuestro Señor Jesús en otro contexto: Deberían hacer lo uno sin dejar de hacer lo otro. El problema no es querer impactar a Colombia y transformar la sociedad, el problema es que eso no es lo más importante, hay algo más fundamental: La predicación fiel, teocéntrica, contextualizada, teológicamente precisa y centrada en el evangelio de Jesucristo de la Palabra de Dios.

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