Jesús, el Rey de la Tierra

Antes de ascender, de acuerdo a Mateo 28, Jesús se reunió con sus discípulos y les dio instrucciones. Esas instrucciones se basan sobre una declaración supremamente interesante: “Toda potestad me ha sido dada en el cielo y en la tierra”.

Es interesante que Jesús diga que le ha sido dada toda la potestad sobre el cielo y la tierra sabiendo que Él es Dios. Para muchos esa frase tiene sentido porque Jesús es Dios, pero realmente esa no es la razón por la que lo dice. Es importante notar la expresión “me ha sido dada”, como si antes no la tuviera. Entonces ¿cómo puede ser que a Jesús le ha sido dada la autoridad? La respuesta es que Jesús ha recibido la autoridad como hombre, no como Dios. Para entender qué significa eso propongo meditar en el objetivo para el cual Dios creó al hombre.

En Génesis 1, Dios dice que crea al hombre para reinar sobre la tierra. Génesis 1:26 – “Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra.” El hombre debía ser el gran gobernador sobre el cielo y la tierra, debía gobernar sobre los peces del mar, sobre la aves del cielo y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra, sobre las plantas y la creación de Dios.

Lamentablemente, cuando el hombre cae en pecado la tierra se ve afectada y queda maldita, de manera que el hombre pierde su autoridad de rey sobre la tierra. Más adelante, y a través de la progresión de la revelación de Dios se hace evidente que la esperanza de la humanidad y de la tierra es que venga un nuevo Adán, un hombre que va a vencer el pecado y la maldición y va a recuperar la autoridad total sobre el cielo y la tierra.

Isaías 11:1-9 dice:

“Y brotará un retoño del tronco de Isaí, y un vástago de sus raíces dará fruto. Y reposará sobre Él el Espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor. Se deleitará en el temor del Señor, y no juzgará por lo que vean sus ojos, ni sentenciará por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará al pobre con justicia, y fallará con equidad por los afligidos de la tierra; herirá la tierra con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios matará al impío. La justicia será ceñidor de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura. El lobo morará con el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito; el becerro, el leoncillo y el animal doméstico andarán juntos, y un niño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas, y el león, como el buey, comerá paja. El niño de pecho jugará junto a la cueva de la cobra, y el niño destetado extenderá su mano sobre la guarida de la víbora. No dañarán ni destruirán en todo mi santo monte, porque la tierra estará llena del conocimiento del Señor como las aguas cubren el mar.”

Y el Salmo 2:6-9 dice:

“Pero yo mismo he consagrado a mi Rey sobre Sion, mi santo monte. Ciertamente anunciaré el decreto del Señor que me dijo: “Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy. “Pídeme, y te daré las naciones como herencia tuya, y como posesión tuya los confines de la tierra. “Tú los quebrantarás con vara de hierro; los desmenuzarás como vaso de alfarero.”

La promesa del Antiguo Testamento es la venida de un Rey, que gobernará las naciones, que recuperará la autoridad perdida de Adán y reinará sobre la creación perfectamente, de tal forma que la tierra volverá a ese estado de paz y armonía que tenía antes del pecado. Y ese Rey prometido ya vino, se llama Jesucristo.

La declaración de Jesús es perfecta. “Ya vencí a la muerte, vencí el pecado, vencí a Satanás en la cruz, recuperé la autoridad perdida del hombre”. No como Dios, puesto que siendo Dios nunca ha perdido autoridad, sino como Hombre, ahora toda la autoridad del cielo y de la tierra le ha sido dada. Él es el último Adán, el nuevo Rey que ha recuperado toda la potestad sobre el cielo y la tierra.

La Autoridad de Jesús y el Discipulado

Es sumamente llamativo que lo primero que Jesús dice como nuevo Rey de la tierra es: “vayan y hagan discípulos”. Podríamos imaginar muchas cosas que Él exigiría como nuevo Rey, pero lo único que manda es a hacer discípulos. ¿Por qué? Nuevamente para entender la respuesta propongo meditar en Génesis. ¿Para qué creó Dios al hombre? Además de gobernar la tierra, Dios creó al hombre para comunicar Su imagen. El hombre debía hacer la imagen de Dios en la tierra, y debía comunicar esa imagen en toda la creación de Dios. Pero ¿cómo debía hacerlo? No solamente gobernando conforme al carácter de Dios, sino además multiplicándose. El mandato de Génesis 1 es: “Sed fecundos y multiplicaos”, esa es la forma en la que la imagen de Dios se iba a multiplicar, la tierra sería llena de la gloria de Dios.

Entonces ¿por qué Jesús, al ser declarado Rey de la tierra manda inmediatamente a hacer discípulos? La respuesta es que ahora Él está encargado de multiplicar la imagen de Dios por toda la tierra, de manera que manda a Sus discípulos a multiplicarse, bautizándolos en el nombre de la Trinidad. Él ya ha formado discípulos y les va a dar Su Espíritu para que den testimonio de Él (Hechos 1:8), formen nuevos discípulos y así la imagen de Dios sea multiplicada.

Conclusión

Hacer discípulos no es simplemente una estrategia de crecimiento para la iglesia, o una actividad de hermandad entre creyentes. El discipulado es el propósito para el cual existe un creyente. Es el cumplimiento de lo que significa ser humano. Al ser pecadores hemos perdido nuestra capacidad de comunicar apropiadamente la imagen de Dios, pero ahora Cristo ha vencido y nos ha dado a Sus discípulos la capacidad de hacerlo, al sumergirnos en la Trinidad, al bautizarnos con Su Espíritu. De manera que el discipulado es la razón para la que existe la iglesia, es la forma de comunicar la imagen de Dios. ¿Estás cumpliendo tu propósito de hacer discípulos?

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