La cruz, el evento que cambió la historia

La expiación es básicamente la muerte de Jesucristo en la cruz como el Cordero expiatorio de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29). Ese evento cambió la historia de la humanidad y produjo efectos eternos y asombrosos que impactan a todo ser humano. Cuando Jesús murió, una de sus últimas palabras fue: “Consumado es”. Todo el plan de redención diseñado eternamente por Dios estaba siendo consumado a través de la muerte del Hijo de Dios en la cruz. Desde ese momento la historia no fue igual, las cosas cambiaron radicalmente, fue inaugurado algo que conocemos como “Nuevo Pacto”, y los efectos de ese nuevo pacto para el mundo entero son enormes y magníficos.

Los resultados de la cruz

Aquí veremos algunos resultados de la expiación. Realmente son muchos, la muerte de Jesucristo en la cruz produjo muchos cambios, y trajo infinidad de bendiciones para el mundo. Aquí hay algunos de los efectos más sobresalientes de la expiación.

1. La Justificación Solo por la Fe

Romanos 3:24-25. 

La necesidad más grande del pecador es presentarse justo delante de Dios, de lo contrario la ira de Dios está sobre él. Sin embargo las obras no son suficientes, las obras no pueden pagar por la justificación. Pero Dios envió a Su Hijo para que pagara por el pecado, de manera que todo el que deposite su fe, su esperanza en Él, para ser salvo, será declarado justo delante de Dios, por los méritos de Jesucristo.

2. La Reconciliación

Romanos 5:10. Al ser pecadores somos considerados enemigos de Dios, así que nuestra relación con Dios era de ira e indignación. Pero a través de Su muerte en la cruz, Jesucristo pagó por ese pecado y esa enemistad, de manera que ahora somos reconciliados con Dios, ahora nuestra relación con Dios, por medio de Jesucristo, no es de ira sino de paz (Romanos 5:1).

3. La Adopción

Gálatas 4:4-5. Algo impresionante de la salvación es la posición que tienen ahora todos los que están en Cristo, los que han depositado su fe en Él para salvación. Ser perdonado por Dios no es simplemente dejar de ser enemigos de Dios, no es pasar a ser solamente un siervo de Dios, o un esclavo de Dios (aunque esas ilustraciones también aplican). Lo asombroso es que ahora somos llamados hijos de Dios (Juan 1:12). Somos recibidos por Dios como hijos amados.

4. El Perdón

Efesios 1:7. A través de la muerte de Jesucristo el pecado ha sido pagado, la sangre de Cristo ha asumido el precio de nuestros pecados y por lo tanto por Su sangre somos perdonados. En realidad hoy nos podemos sentir como personas perdonadas, podemos experimentar el perdón de Dios, a través de Jesucristo. No hay pecado tan grave que Jesucristo no pudiera perdonar a través de Su sangre derramada en la cruz.

5. La Redención



Colosenses 1:3-14. La palabra redención tenía un significado muy específico en el tiempo de Jesús y el apóstol Pablo, significaba liberar a un esclavo a través de un pago. Lo que hizo Jesucristo al morir en la cruz fue pagar el rescate por Su pueblo, de tal manera que nos liberó del dominio de las tinieblas para trasladarnos a Su reino de luz y libertad. Ser redimidos es ser libres del pecado y de la condenación.

La vida centrada en la cruz

Los efectos de la expiación no son verdades teológica académicas, son resultados reales que afectan directamente nuestra vida y nuestro comportamiento. La expiación determina nuestra identidad y nuestra forma de vivir. La muerte de Cristo no es un evento ajeno a nuestra realidad, es la base de la realidad de un creyente.

La justificación tiene cantidad de implicaciones en nuestra vida diaria y práctica. De hecho Romanos 5:1-12 está dedicado a explicar esos resultados de la justificación. Al entender correctamente la justificación podemos experimentar verdadera paz (Romanos 5:1), además de esperanza en este mundo (Romanos 5:2), y una esperanza tan firme que incluso nos capacita para gloriarnos en las tribulaciones (Romanos 5:3), porque sabemos que la prueba de nuestra fe produce paciencia, y la paciencia produce un carácter probado y el carácter probado produce esperanza, y la esperanza no desilusiona porque hemos sido justificados por la sangre de Cristo (Romanos 5:3-5). La justificación se convierte en nuestro refugio en medio de pruebas y sufrimientos. Eso es vivir una vida centrada en la cruz.

La reconciliación produce en el creyente una forma de vida. El que ha sido reconciliado con Dios es una nueva criatura, es un nuevo ser (2 Corintios 5:17-18). Esa nueva vida implica una nueva forma de vivir, ahora “somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconcíliense con Dios!” (2 Corintios 5:19-20). La reconciliación produce vocación en el creyente, eso es vivir una vida centrada en la cruz.

La adopción como hijos afecta nuestra relación con Dios en áreas asombrosamente prácticas. Ahora podemos saber que seremos guiados por el Espíritu de Dios, porque los que son hijos de Dios son guiados por Él (Romanos 8:14). Esa verdad hace que ya no tengamos que vivir en temor, un creyente no ha sido salvado para vivir en temor, sino más bien para que podamos confiar en Dios como un bebé confía en su papá (Romanos 8:15). De manera que siendo hijos de Dios ahora podemos afrontar la vida y las dificultades con una nueva actitud, como herederos de Dios y coherederos con Cristo, tenemos una herencia eterna, preciosa y perfecta al ser hijos de Dios (Romanos 8:16-17). De manera que al ser hijos de Dios, al ser herederos de Dios, podemos ver los sufrimientos de este mundo como algo insignificante ante la gloria que nos espera (Rom. 5:18). Esa es una vida centrada en la cruz.

El perdón de nuestros pecados nos capacita directamente para perdonar. Ahora podemos revestirnos como hijos de Dios, santos y amados, para soportarnos unos a otros y perdonarnos unos a otros, así como Cristo nos perdonó (Colosenses 3:12-13). Entender y experimentar la magnitud del perdón de Cristo para nosotros nos capacita para ver las ofensas de otros como insignificantes, de manera que nos capacita para perdonar radicalmente a cualquier persona. “Al mucho le es perdonado, mucho perdona”. Esa clase de perdón es vivir una vida centrada en la cruz.

Finalmente la redención implica libertad para servir y a adorar a Dios por medio de Jesucristo. Ahora somos libres del orgullo por la muerte de Cristo (Filipenses 2:3-8). Ahora somos libres para amar radicalmente a los demás (1 Juan 4:7-9). Ahora somos libres para ser esposos y esposas bíblicos para la gloria de Cristo (Efesios 5:22-33). Ahora somos libres de la fornicación, de la impureza, de las pasiones, de los malos deseos y la avaricia, pero vivir para el Señor, esperando el día en que nuestro Señor Jesucristo regrese para que estemos con Él para siempre (Colosenses 3:1-5). Vivir esa vida de libertad es vivir centrados en la cruz.

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