La glorificación es un evento futuro (escatológico), comprado por el evangelio, en el que Jesús regresará físicamente a la tierra, resucitará a todos los muertos en Cristo, les dará nuevos cuerpos, y los creyentes que estén vivos en ese momento serán transformados a la imagen de Cristo. (1 Corintios 15:51-53, 1 Tesalonicenses 4:16-17) Será uno de los días más gloriosos en la vida de todos los creyentes, de manera que deberíamos esperar y anhelar con muchas ansias ese evento y confortarnos con esa esperanza. (1 Tesalonicenses 4:18, 1Juan 3:2-3, 2Pedro 3:11-12)

¿Cuándo será la glorificación?

Ante estas verdades de los últimos tiempos, hay muchas posiciones históricas entre los estudiosos bíblicos, ya que la Biblia no es totalmente clara respecto a ello. Sin embargo hay puntos en común en todas las posiciones ortodoxas.

La glorificación sucederá en el regreso de Jesús a la tierra. 1 Corintios 15 y 1 Tesalonicenses 4 son pasajes muy claros que no dejan duda del momento en que esto sucederá. Sin embargo, la respuesta a final al “cuándo sucederá la glorificación” la da el mismo Señor Jesús en Mateo 24:36: “Pero de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, niel Hijo, sino sólo el Padre.” Esa es una declaración tremendamente radical, en la que se asegura que absolutamente nadie puede saber cuándo sucederá la glorificación, puesto que es algo que el Padre solamente ha establecido en Su sola potestad. (Hechos 1:7)

¿Cómo será la glorificación?

La glorificación será un evento instantáneo (un abrir y cerrar de ojos). Sin embargo, con muchas situaciones qué describir y explicar.

En primer lugar, será un momento en el que Jesús descenderá del cielo (1 Tesalonicenses 4:16) de forma corporal, no espiritual. El Hijo de Dios no es espíritu, tiene cuerpo, así que Él descenderá en Su cuerpo glorificado (Jesús es el único que ha experimentado la glorificación en la resurrección 1Corintios 15).

En ese momento Él dará un mandato y los muertos que creyeron en Cristo resucitarán (1Corintios 5:52, 1Tesalonicenses 4:16-17, Juan 5:25). Los creyentes que han muerto a lo largo de la historia están en este momento en espíritu en la presencia del Señor (2 Corintios 5:6-8, Filipenses 1:22-23), pero ellos también están esperando la glorificación, el día en que sus cuerpos resuciten y sean unidos nuevamente al pueblo físico del Señor.

Una vez los muertos en Cristo resuciten, entonces los creyentes que estén vivos en ese momento serán transformados. Sus cuerpos serán transformados a la imagen del cuerpo glorificado de Jesús (1 Corintios 15:51-53, Filipenses 3:20-21, 1 Juan 3:2-3, Romanos 8:29).

Eso no significa que las personas perderán sus características distintivas, sino que cada persona seguirá siendo la misma, pero con cuerpos nuevos, sin la presencia de pecado y sin la capacidad de morir. Cuando Jesús resucitó fue glorificado, eso es lo que explica Pablo en 1 Corintios 15, Jesús es “las primicias de los que durmieron”, es el primer glorificado de la historia. Sin embargo cuando se encontró con sus discípulos ellos pudieron reconocerlo y saber que era Él. Jesús comía, caminaba, tenía un cuerpo real de ser humano, pero mejorado, sin debilidad, un cuerpo perfecto. (Lucas 24:36-43). Así será el cuerpo de los creyentes en la glorificación. (Filipenses 3:20-21)

Lo glorioso de la esperanza del creyente es que no es una esperanza espiritual, es una esperanza física, en la que el creyente experimentará en su cuerpo la gloria del Hijo de Dios. No será simplemente llegar a ver a Cristo, sino además será experimentar a Cristo en nosotros mismos. (Mateo 13:45, 1 Juan 3:2-3)

¿Cómo será el nuevo cielo y la nueva tierra?

El nuevo cielo y la nueva tierra es el lugar final donde morarán los creyentes en un estado glorificado. El nuevo cielo y la nueva tierra será el mismo planeta tierra, pero renovado para que Dios mismo y Su pueblo habiten allí. (Romanos 8:19-22, Colosenses 1:19-20).

La promesa más preciosa del cielo nuevo y la tierra nueva es que veremos a Jesús cara a cara, y disfrutaremos de Él para siempre.

El pasaje que explica con mayor claridad ese último estado del planeta tierra es Apocalipsis 21-22. Esos son dos capítulos preciosos que describen cómo será el lugar y la experiencia del cielo nuevo y la tierra nueva. No habrá pecado, no habrá maldad, no habrá dolor ni enfermedad. Todo lo malo del mundo presente habrá pasado. Habrá animales, habrá plantas, habrá montañas, océanos, bosques, ríos, playas… Además habrá comida, música, arte y todos los placeres legítimos que los sentidos puedan otorgar. El ser humano no perderá sus capacidades, habrá deportes, talentos, capacidades para construir, crear, inventar… Será una sociedad teocrática perfecta en la que todo se hará para el Señor, para Su gloria, y en amor y humildad unos con otros.

Sobre todas las cosas, la promesa más preciosa del cielo nuevo y la tierra nueva es que veremos a Jesús cara a cara, y disfrutaremos de Él para siempre. Podremos adorarle presencialmente, escucharemos su enseñanza, disfrutaremos de Su gracia y el gozo que se experimentará será perfecto pero siempre creciente. El cielo nuevo y la tierra nueva será el lugar más precioso y maravilloso para vivir. Esa es la esperanza más gloriosa que existe.

¿Cómo nos ayuda saber todo esto?

La escatología (la doctrina de los últimos tiempos) tiene un solo objetivo: “Por tanto velad, porque no sabéis en qué día vuestro Señor viene.” (Mateo 24:42). El objetivo de la revelación de los últimos tiempos en la Escritura es la santificación del creyente. Al meditar en el futuro, en las realidades gloriosas que les esperan, los creyentes son animados, consolados, desafiados a vivir esperando ese día y en coherencia con esa esperanza.

El apóstol Juan lo dice muy claramente en 1Juan 3:2-3, “Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Pero sabemos que cuando El se manifieste, seremos semejantes a El porque le veremos como El es. Y todo el que tiene esta esperanza puesta en El, se purifica, así como El es puro.” El que anhela ver a Cristo y ser como Cristo anhela la santidad de Cristo y Su pureza. Para anhelar la santidad, tener esperanza y vivir vigilantes y alerta todos los días es que Dios nos ha revelado la promesa de la glorificación.

J.C. Ryle lo explica de una forma muy clara:

“¿Estamos viviendo como si anheláramos verlo otra vez y amaramos su venida? Estar listo para la aparición del Señor no es más que ser un cristiano real y consistente. No requiere que las personas dejen sus labores diarias. El granjero no tiene que dejar su granja, el médico no tiene que dejar sus pacientes, el carpintero no tiene que dejar su martillo y sus clavos, el maestro no tiene que dejar a sus estudiantes. No puede ser mejor que cada uno sea hallado haciendo su labor, pero haciéndola como un cristiano, y con un corazón listo y preparado para irse.”

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