El evangelio: el complemento de dos eventos

El evangelio es un evento. La palabra evangelio significa “buenas noticias”, pero ¿cuáles son las buenas noticias? La definición de evangelio no es “buenas noticias”, la definición de evangelio es el contenido de esas buenas noticias. Las buenas noticias son un evento: Jesús murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, fue sepultado y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras (1Corintios 15:1-3). El evangelio es un evento de tres días en los cuales el Mesías murió y resucitó. Ese evento genera salvación, ese evento produce el nuevo nacimiento, produce justificación, produce santificación, produce libertad del pecado y gozo eterno para los pecadores. Ese evento es el evangelio, todo lo demás son efectos, resultados, de ese evento.

Ya hemos visto la primera parte de ese evento: La expiación, la muerte de Cristo en la cruz. Pero realmente el evangelio no está completo si no es por la resurrección. Ambos forman los dos contrastes complementarios de la máxima expresión de la gloria de Dios en Jesucristo. John Piper lo expresa de esta forma en su libro “Dios es el Evangelio”:

“Cada una de las obras, palabras y actitudes de Jesús fue gloriosa, pero es la manera en que todas se juntan en hermosa suma, en una mezcla perfecta de todas las excelencias, esto constituye Su gloria. Sin embargo, el clímax de la gloria de Su vida en la tierra fue la manera en que ésta terminó. Fue como si todos los colores más oscuros del espectro de la gloria se juntaran en la más hermosa puesta de sol en el viernes santo con el Cristo crucificado como un sol de rojo sangre en el cielo carmesí. Y fue como si todos los colores más brillantes del espectro de la gloria se juntaran en el más hermoso amanecer en la mañana del tercer día con el Cristo resucitado como un resplandeciente sol dorado en toda su fuerza. La gloria de la puesta de sol y la gloria del amanecer resplandecieron en el horizonte de toda una vida de amor incomparable y maravilloso.”

Al hablar del evangelio no se puede pasar por alto ni la muerte, ni la resurrección de Jesucristo. Ambos eventos forman el evangelio.

La importancia de la resurrección

Lamentablemente, muchas veces se pasa por alto la importancia de la resurrección del Mesías. Incluso en los tiempos de Pablo ya se obviaba la suprema importancia de la resurrección de Jesucristo. La iglesia de Corinto estaba experimentando varias crisis en su entendimiento de doctrinas importantes, así que Pablo tiene aclarar y corregir esos errores. Uno de ellos era respecto a la resurrección, por eso existe el capítulo 15 de 1Corintios. De alguna forma se había infiltrado la falsa enseñanza de que no va a haber resurrección futura. Ante lo cual Pablo responde diciendo: Si no hay resurrección entonces Cristo tampoco resucitó. Y si eso fuera así entonces no hay evangelio. (1 Corintios 15:12-19).

Hay varias evidencias en ese pasaje de la suprema importancia de la resurrección de Jesucristo:

  • Si Cristo no resucitó nuestra predicación y nuestra fe son vanas (v.14)
  • Si Cristo no resucitó todos los creyentes somos testigos falsos (v.15)
  • Si Cristo no resucitó aún estamos en pecados (v.17)
  • Si Cristo no resucitó los creyentes somos los más dignos de lástima (v.19)

Sencillamente el cristianismo sería falso si se demuestra que Jesús no resucitó. Toda la fe cristiana, toda la enseñanza de la Escritura, todo el evangelio depende de la realidad de la resurrección de Jesucristo. Sin resurreción no hay evangelio.

Los efectos de la resurección

De manera que los efectos que tiene la resurrección de Jesucristo en la vida de un creyente son tremendamente importantes, son cruciales para vivir la vida cristiana y entender los propósitos de Dios. Aquí vemos algunos de los más importantes efectos:

Hechos 13:34-39: La resurrección de Jesús es única porque Jesús resucitó para nunca más morir. Jesús resucitó con un cuerpo que no vuelve a morir jamás, un cuerpo capaz de vivir para siempre en la presencia de Dios. La razón por la que Jesús resucitó de esa forma es porque a través de Su resurrección Jesús venció la muerte y por lo tanto el pecado. Por la resurrección de Jesús es que podemos tener seguridad de que verdaderamente hemos sido perdonados de nuestros pecados. El pecado ya no tiene la capacidad de matar a un creyente, porque el poder del pecado hay sido cancelado en el evangelio. A través del evangelio Jesucristo sacó a la luz la vida y la inmortalidad. (2 Timoteo 1:10)
Hechos 2:32-36: Desde el Antiguo Testamento se había profetizado de un descendiente de David que sería Rey eterno. Nadie puede ser un rey eterno, a menos que ese Rey venciera la muerte. La resurrección es una señal clara del Mesías. El Mesías no podía permanecer en la tumba, el Mesías no podía permanecer muerto. David lo profetizó en el Salmo 16 (Hechos 2:22-31). Por eso para los apóstoles la más clara demostración de que Jesús es el Cristo, el Mesías, es que Jesús resucitó para nunca más morir. 

Romanos 4:25: No habría justificación si no es por la resurrección. La justificación es el acto en el que Dios declara justo a un pecador por los méritos de Jesucristo a través de la fe. Sin embargo, si Cristo no resucitó significaría que no hay méritos suficientes que puedan justificar. Jesús no sería perfecto, y por lo tanto no podría justificar a nadie. La resurrección de Jesús asegura que Él tiene el poder de justificar por Su vida perfecta e impecable.
1 Pedro 1:3-4: La esperanza del creyente no es simplemente llegar al cielo. La esperanza del creyente es disfrutar de un nuevo cuerpo (Filipenses 3:20-21, 1 Corintios 15:51-52), una nueva naturaleza capaz de habitar con Dios, estar ante Su presencia, verlo y disfrutar de Él para siempre. Con el cuerpo presente es imposible que algún hombre esté en la presencia de Dios. Es necesario que este cuerpo mortal se vista de inmortalidad, y que este cuerpo corruptible se vista de incorrupción (1 Corintios 15:53). Por eso los hijos de Dios ya no experimentarán tentación, debilidad, dolor, sufrimiento… porque la realidad del cuerpo mortal habrá pasado, todo será hecho nuevo. Sin embargo, nada de eso sería real si no fuera por la resurrección de Jesucristo. Solo por la resurrección es que tenemos una esperanza viva, segura, sólida, firme. No hay nada que pueda destruir la esperanza del creyente porque la resurrección de Jesucristo es real.

La meditación del creyente

Estos efectos son fundamentales para la vida cristiana. El creyente necesita un fundamento sólido sobre el cuál basar su fe. La fe del creyente no se basa sobre sus capacidades morales, o sus logros espirituales, la fe del creyente no se basa sobre su fruto o sobre su santidad. La fe del creyente se basa sobre un evento que no puede ser quitado de la realidad y la historia: Jesucristo resucitó.

Es normal que al creyente le surjan dudas constantemente. Dudas respecto a la veracidad de la Biblia, dudas respecto a la realidad de nuestra esperanza, dudas respecto a la capacidad para agradar a Dios, dudas respecto a poder vivir una vida piadosa… Por eso el creyente necesita aprender a meditar en el evangelio día y noche. Si el creyente que le surgen dudas se dirige inmediatamente al evangelio, a la muerte y resurrección de Jesucristo como eventos reales, hechos históricos y verdaderos, entonces su fe va a encontrar firmeza.

La fe del creyente se basa sobre un evento que no puede ser quitado de la realidad y la historia: Jesucristo resucitó.

Suponga que un creyente duda de su capacidad para vivir una vida piadosa. ¿Dónde va a encontrar fe? Entonces ese creyente comienza a meditar en el evangelio: “Jesucristo murió, derramó Su sangre para que yo pueda vivir una vida que le glorifica, y no solo eso, sino que resucitó para demostrar que esa muerte fue verdaderamente efectiva, Él venció el pecado por mí. Realmente tengo la capacidad de vivir una vida piadosa para Él.” (Romanos 6:1-11)

O suponga que un creyente duda de la veracidad de la esperanza que propone la Escritura: “Pensar en que Jesús va a volver para tener nuevos cuerpos, y ver a Dios y estar en una tierra perfecta donde no hay dolor… todo eso suena demasiado irreal.” Entonces trae a su mente la verdad real e histórica de los eventos del evangelio: “Pero Jesús resucitó ¡realmente Jesús resucitó! Eso significa que esa resurrección futura es verdad, porque Él ya lo experimentó. Él es la demostración de que esa esperanza es una realidad. Por eso tiene sentido esperar la venida del Señor” (1 Corintios 15:1-58).

El creyente necesita aprender a fundamentar su fe de forma consciente y práctica en los eventos del evangelio.

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