Entendiendo la diferencia entre la justificación y la santificación

Es de fundamental importancia entender la diferencia entre la justificación y la santificación. Como se hizo evidente en el artículo anterior, la justificación es una posición ante Dios. Es una realidad. El que cree ya es justificado, no es un proceso, no requiere mucho tiempo, es simplemente un evento en el que Dios declara al creyente en Cristo justo delante de Él.

La santificación es el siguiente paso después de la justificación. Es un proceso en el cual el creyente en Cristo crece y madura espiritualmente con el objetivo de imitar cada vez más el carácter de Jesucristo. A diferencia de la justificación, la santificación no es un evento, no es una posición, es un proceso de crecimiento y madurez espiritual. 2 Corintios 3:18 es claro: La santificación es una transformación, no instantánea, sino gradual (“de gloria en gloria”) a la imagen (carácter) de Cristo.

Otra diferencia entre la justificación y la santificación es que la primera es una obra sola de Dios. Solo Dios justifica, solo Él tiene la capacidad de justificar (Romanos 3:26), de manera que la justificación es una obra solamente de Dios. Pero la santificación es diferente. La santificación es un proceso en el cual trabajan Dios y el hombre. Dios a través de Su Espíritu, capacitando e impulsando al hombre. Por otro lado el hombre usando los medios que Dios ha dejado para la santificación (la Escritura, la oración, la comunión…). A lo largo de la Escritura es evidente el mandato de santidad para el creyente. La santidad no es algo asumido en el creyente, es un mandato que necesita obedecer (1Pedro 1:15-16).

El medio de la santificación: LA FE

Sin embargo, la justificación y la santificación no son diferentes en su fundamento. El medio de la santificación al igual que la justificación es la fe en Cristo solamente. Es lamentable que muchos creyentes consideran que una vez han sido justificados por la fe entonces ahora tienen que vivir por obras, pensando que el fundamento para vivir la vida cristiana son los esfuerzos del creyente. Eso es una pésima interpretación de la Escritura y produce creyentes débiles e inestables que no tienen la capacidad de vivir para la gloria de Dios.

La santificación se vive por fe, ese es el tema de la carta a los Gálatas. Pablo les pregunta:

“Esto es lo único que quiero averiguar de vosotros: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿vais a terminar por la carne?” – Gálatas 3:2-3

¡No debe ser así! Tal como comenzamos por la fe, necesitamos seguir andando por la fe en el Salvador, Cristo Jesús, a eso se refiere andar en el Espíritu.

Más adelante en el capítulo 5 Pablo dice:

“Porque en Cristo Jesús, ni la circuncisión ni la incircuncisión significan nada, sino la fe que obra por amor.” -Gálatas 5:6

No hay obras que tengan valor sin la fe en Cristo. Solo la fe obrando por amor en el creyente tiene valor ante Dios. Las obras sin fe son obras que no glorifican a Dios. Solo por medio de la fe el creyente puede ser santificado en la práctica, porque la fe produce una vida de amor, que es finalmente el cumplimiento de la ley. (Gálatas 5:14)

La herramienta principal para la santificación es la Escritura, la Palabra de Dios.

Nadie puede ser santificado si no ha sido justificado primero. Es necesario tener la justicia de Cristo para poder practicarla. La santificación no es el esfuerzo del hombre por ser santo, sino que es el efecto del evangelio, es el efecto de la justificación por fe, es el efecto de la obra de Cristo en la cruz. El creyente ya es justo delante de Dios, así que tiene la capacidad de practicar lo que ya es en Cristo.

Por eso es que la herramienta principal para la santificación es la Escritura, la Palabra de Dios. Porque es la Escritura la que afirma la fe necesaria para ser santificado. La Escritura produce fe, por eso la necesitamos para la santificación (Romanos 10:17). El Señor Jesús lo dijo claramente en un pasaje muy conocido: “Santifícalos en Tu verdad, Tu Palabra es verdad” (Juan 17:17).

¿Cómo buscar la santificación en la práctica?

Normalmente los creyentes escuchan, una y otra vez, el mandato a la santidad, pero pocas veces los predicadores se toman el trabajo de entender y explicar cómo. ¿Cómo practicar la santificación? ¿Cómo procurarla? ¿Qué hacer para fomentarla? ¿Cómo buscarla?

Uno de los textos clave y más claros en este tema es 1 Pedro 1:13-16:

(13) Por tanto, ceñid vuestro entendimiento para la acción; sed sobrios en espíritu, poned vuestra esperanza completamente en la gracia que se os traerá en la revelación de Jesucristo. (14) Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais en vuestra ignorancia, (15) sino que así como aquel que os llamó es santo, así también sed vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; (16) porque escrito está: Sed santos, porque Yo soy santo.

El apóstol Pedro está exhortando a la santidad, está exhortando a buscar la santificación práctica. Lo interesante de este texto es que es tremendamente práctico, dice exactamente qué hacer.

  • V.13a – La batalla está en la mente. El creyente necesita preparar su mente para la santificación. Por eso es que se requiere ser sobrio, porque la batalla contra el pecado se lleva a cabo principalmente en la mente. Necesitamos mentes preparadas para buscar la santificación.
  • V.13b – Al final del versículo 13 está la razón por la cual necesitamos finalmente una mente preparada. Necesitamos una mente preparada para poder poner nuestra esperanza completamente en la gracia que vendrá en la revelación de Jesucristo. Gracia es una bendición, o un favor que no merecemos comprado por la sangre de Cristo. Dios ha prometido Su gracia en Su Palabra, de manera que si nos dedicamos a poner nuestra esperanza en la gracia prometida por el Señor, vamos a tener la fuerza para luchar contra el pecado.

Así que aquí ya hay un principio fundamental para la santificación. El creyente necesita ver en la Palabra de Dios de manera muy clara la gracia prometida por el Señor. Por eso es que somos santificados por la verdad de Dios, porque si conocemos la verdad entonces conoceremos la gracia que Dios ha prometido para Sus hijos, y si conocemos esa gracia que Dios ha prometido entonces tendremos la capacidad de buscar la santificación. Dedicarse a la lectura y estudio de la Palabra de Dios es fundamental para la santificación.

Sin embargo aún no es tan claro. ¿Cómo funciona? ¿Cómo es que depositar mi esperanza en la gracia que vendrá (por medio de la Escritura) nos capacita para buscar la santificación? La respuesta está en los versículos 14-16.

  • El pecado tiene que ver con los deseos del hombre (v.14). Cuando deseamos algo más que a Dios nos dirigimos directamente hacia el pecado. La codicia es desear lo material más que a Dios. El orgullo es desear la propia imagen y la reputación más que la gloria de Dios. La inmoralidad sexual es desear el placer sexual más que a Dios. La impaciencia es desear los planes propios más que la voluntad de Dios…. Así que el pecado surge por causa de deseos carnales, deseos terrenales que superan nuestro deseo por Dios. 

Pero además, para un creyente esos deseos carnales son deseos conformistas, son deseos mediocres. ¿Por qué deseos mediocres? Porque son deseos que teníamos cuando estábamos en nuestra ignorancia. El que es creyente en Cristo conoce ahora algo mucho mejor que esos deseos carnales pasados, conoce la gloria de Dios en Cristo. De manera que el creyente que prefiere los deseos carnales es un mediocre, es un conformista. Por eso la exhortación de Pedro es: “No se conformen a los deseos que tenían en su ignorancia.”
  • El versículo 15 explica exactamente lo que conoce ahora el creyente. Un creyente ha sido llamado por el Dios Santo. El creyente ahora conoce la santidad de Dios. La santidad de Dios es Su carácter único e incomparable por la persona de Jesucristo, por Su muerte y resurrección. La santidad de Dios es todo lo que Él es en Su naturaleza de Dios. El creyente ahora conoce a Dios a través de Cristo, ha visto la santidad de Dios a través de Su gloria. ¿Cómo va a preferir deseos carnales e ignorantes? Ante la santidad de Dios preferir los deseos carnales pecaminosos es una gran mediocridad, es conformismo.

Por eso el creyente necesita preparar su mente, disciplinar su mente para buscar la santificación. De manera que la forma de hacerlo es dedicándose a la Escritura para encontrar en ella la gracia que Dios promete que vendrá y depositar toda su esperanza (fe) en esa gracia. Esa gracia revelada en la Palabra de Dios, es la que nos permite ver (fe) con claridad la santidad de la gloria de Dios, y nos hace ver que preferir el pecado es una gran mediocridad, es un despreciable conformismo. Cuando el creyente ve la gloria de Dios en Cristo, entonces es transformado a la imagen de Cristo, es atraído por esa gloria y es persuadido a dejar los deseos pecaminosos mediocres y conformistas.

Eso es lo que presenta Pablo en 2 Corintios 3:18:

“Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados, en la misma imagen, de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu”.

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