La Biblia es una sola historia llena de pequeñas historias. Cientos de historias girando en torno a una historia principal y central: Jesucristo. Todo lo que sucede en el Antiguo Testamento tiene que ver finalmente con la venida de Jesucristo, todo lo que sucede en el Nuevo Testamento tiene que ver con que Jesucristo ya vino y va a regresar. Él es el centro de la historia del mundo, la creación y la Escritura. Él es el clímax de la revelación de Dios. Pero ¿por qué es tan asombrosa Su venida? ¿Por qué es tan esperada y tan importante? ¿Por qué celebrar que Jesucristo vino? Hay por lo menos dos razones principales que responden a estas preguntas.

Razón 1: Jesucristo es Dios

Dios es Espíritu (Juan 4:24) de manera que no podemos verlo. Su santidad, Su perfección, Su gloria son tan poderosas que ver a Dios sería imposible para nosotros siendo pecadores, siendo mortales. Si alguno de nosotros viera a Dios, moriría inmediatamente (Éxodo 33:20). Dios es completamente santo, ni siquiera los más asombrosos seres angelicales pueden verlo y tienen que cubrir su rostro ante Su majestad (Isaías 6:2-3).

Pero la necesidad más grande de nuestra vida es poder conocer a Dios, poder contemplar y disfrutar Su gloria, para eso fuimos creados, para eso existimos. No estaremos completos hasta que podamos ver y saborear la gloria de Dios. ¿Cómo podemos ver a Dios si nadie es digno?

Las buenas noticias del evangelio son que el Hijo de Dios, la segunda persona de la Trinidad se hizo hombre para que pudiéramos conocer a Dios. Porque nadie vio jamás a Dios, pero el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él nos lo ha dado a conocer (Juan 1:18). De manera que el Hijo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y pudimos ver Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (Juan 1:14). Ver a Jesucristo es ver a Dios, amar a Jesucristo es amar a Dios, conocer a Jesucristo es conocer a Dios, porque Él es la imagen del Dios invisible (Colosenses 1:15), Él es el resplandor de la gloria de Dios, la expresión exacta de Su naturaleza, la imagen misma de Su substancia (Hebreos 1:3).

Jesucristo es Dios mismo tomando una forma que podemos ver, conocer y entender. Y vino a darnos vida eterna. ¿Qué es vida eterna? Esta es la vida eterna: conocer al único Dios verdadero y a Jesucristo a quien Él ha enviado (Juan 17:3). Por eso la venida de Jesucristo es tan asombrosa, fascinante e importante para nosotros. Por fin podemos ver, contemplar, saborear y disfrutar la gloria de Dios. Él se ha revelado a nosotros. Jesucristo es Emmanuel, Dios con nosotros.

¿Qué es vida eterna? Esta es la vida eterna: conocer al único Dios verdadero y a Jesucristo a quien Él ha enviado. Juan 17:3

Razón 2: Jesucristo es el Mesías

El mismo día que entró el pecado en el mundo, Dios dio una promesa: De la descendencia de la mujer vendría un hombre que destruiría a la serpiente y por ende el pecado y la muerte (Génesis 3:15). Por eso la mujer se llamó Eva, madre de todos los vivientes. A partir de ese día, y eventualmente, Dios revelaba más información acerca de ese ser extraordinario que vendría. A Jacob le reveló que sería un rey de la tribu de Judá que reuniría a los pueblos (Génesis 49:10). A Moisés, Dios le reveló que sería un profeta como él, a quien el pueblo debería escuchar para vivir (Deuteronomio 18:18-19). Al rey David le reveló que a través de su descendencia vendría el Rey eterno, que sería al mismo tiempo sacerdote (Salmo 110). Al profeta Isaías le reveló que ese Rey eterno sería Emanuel, Dios con nosotros, que vendría de una virgen y su reinado sería sin fin (Isaías 7:14, 9:6-7, 11:1-5). Sería el Siervo del Señor, ungido por el Espíritu Santo, sufriente y victorioso (Isaías 42, 53). Así durante siglos, Dios revelaba a los profetas verdades cada vez más asombrosas acerca de ese Mesías, pero nadie sabía quién y como iba a ser.

Pero en el tiempo preciso, en la plenitud del tiempo, Dios envió a Su Hijo nacido de una mujer para redimir a los que estaban bajo el pecado y pudiéramos recibir la adopción como hijos. Y Su nombre es Jesús de Nazaret. Él es el Mesías esperado por tiempos, pero que ha sido revelado en nuestro tiempo por amor a nosotros (1 Pedro 1:20), para ser adoptados hijos de Dios por medio de Él.

La venida de Jesucristo a esta tierra fue el evento más importante de la historia de la humanidad.

¿Quién es Jesucristo para nosotros?

El valor que tiene Jesucristo para nosotros es incalculable. Él es la imagen del Dios invisible, la única oportunidad que tenemos de conocer a Dios (Colosenses 1:15). Él es nuestro Creador y Sustentador (Colosenses 1:16), Él sostiene nuestra vida con el poder de Su Palabra (Hebreos 1:3), cada vez que respiramos y nuestro corazón palpita es porque Jesucristo lo hace posible. Pero Él no solamente sostiene nuestra vida física, sino que además Él es la fuente de vida espiritual, sin Él simplemente no hay vida (Juan 1:4, Juan 12:25). Él es la satisfacción plena de nuestro ser (Juan 6:35), fuimos creados para Él, y por lo tanto Él es el alimento de nuestra alma, Él sacia todo nuestro ser, en Él estamos completos (Colosenses 2:9-10). Él es nuestra luz, sin Él estamos perdidos y andamos en tinieblas (Juan 8:12). Él es nuestra paz, por Él Dios ya no es nuestro enemigo, sino que ahora somos llamados hijos de Dios (Romanos 5:1, Juan 1:12). El valor de Jesucristo excede la suma de todo el oro y la plata del mundo, porque solo con Su sangre podemos ser comprados y nuestro pecado puede ser perdonado (1 Pedro 1:19-20). Sencillamente para nosotros los que creemos, los que hemos sido redimidos por la sangre de Jesucristo, Él es precioso y de un valor infinito (1 Pedro 2:6-7).

¿Cómo deberíamos reaccionar ante Jesucristo?

Si la Palabra de Dios es verdad, si lo que dice la Biblia acerca de Jesucristo es cierto, entonces la única forma lógica, coherente y apropiada de reaccionar ante Jesucristo es adoración. Adoración es lo que merece el Hombre-Dios asombroso, glorioso e infinitamente valioso. Jesucristo merece la adoración de todo ser humano, de toda la creación y de todo ser angelical sin importar cuan poderoso y glorioso sea. Jesucristo es superior a toda criatura, Él es el Creador, Él merece toda la adoración. De manera que cuando Jesucristo se revela a sí mismo en Apocalipsis 5, como el León-Corderon, el Rey soberano, el único y suficiente Salvador, entonces los ángeles y toda la creación entonan cánticos de adoración diciendo:

“Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre compraste para Dios a gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Y los has hecho un reino y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán sobre la tierra”. – Apocalipsis 5:9
“El Cordero que fue inmolado digno es de recibir el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, el honor, la gloria y la alabanza”. – Apocalipsis 5:12
“Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el dominio por los siglos de los siglos”. – Apocalipsis 5:13

Ante la revelación de la persona de Jesucristo no hay otra opción que caer postrado y adorar, amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas… y vivir para Él.

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1 comentario

  1. Muchas gracias por los artículos son muy importantes para mi, su contenido orienta, edifica y nos ayuda a elevar el conocimiento que tenemos d la palabra. Bendiciones

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