Hoy es el día del año tan anunciado y esperado por los cristianos reformados en todo el mundo. Se han llevado a cabo innumerables conferencias sobre el tema, se han escrito una enorme cantidad de artículos pensando en este día… Hoy es el aniversario número 500 de la reforma protestante. Ahora la pregunta es: ¿Deberíamos como creyentes celebrar este día?

Como todo en la vida, la respuesta no es tan fácil como un sí o un no, depende fundamentalmente de la motivación. Jesús dice en Mateo 6, que aún las actividades más piadosas que podamos imaginar, dependen fundamentalmente de la motivación con la que las hacemos. ¿Qué puede ser más piadoso que ayunar, orar y ofrendar? Pero si nuestra motivación es pecaminosa, la actividad se vuelve pecaminosa, así tenga una gran apariencia de piedad. Así que la respuesta a la pregunta no es un simple sí o no, es más bien: ¿por qué? En este pequeño artículo quisiera meditar en tres razones por las que Dios puede ser verdaderamente adorado y exaltado, al celebrar la reforma protestante.

1. Celebremos la reforma protestante porque Dios merece toda la gloria, no para gloria de hombres

En este tema, es muy fácil traer al frente primero a los reformadores antes que a Dios. Esa es la principal crítica que escucho normalmente acerca de la reforma y de la celebración de este día: “Están celebrando a hombres en vez de celebrar a Dios”. Esa crítica puede ser verdad. Al celebrar la reforma necesitamos examinar nuestro corazón y preguntarnos si verdaderamente celebramos exaltando la gracia, la soberanía y el poder de Dios en este magno evento de la historia de la iglesia cristiana; o estamos enamorados de la fama de los hombres, y nos fascinan las historias de los reformadores por sí mismas y no por la gloria de Dios. Creo que R.C. Sproul resume este punto perfectamente en una frase: “Nosotros honramos a los reformadores, pero nuestra confianza no está en ellos. Nuestra confianza está en Cristo”. ¿Podemos decirlo con toda seguridad?

2. Celebremos la reforma protestante porque amamos la verdad bíblica, no por vanidad de conocimiento

El espíritu de la reforma ha cambiado enormemente. En ese tiempo, los reformadores estaban dispuestos a morir por la verdad bíblica, porque amaban esa verdad, sabían que era lo que la Biblia decía y su vida dependía de ello. Más allá de tratar la doctrina como una moda que los hacía ver más intelectuales y conocedores, amaban la verdad por su contenido, no por la apariencia que generaba. Eso es precisamente lo que trató de comunicar Lutero en la Dieta de Worms. Lamentablemente hoy, muchos jóvenes “reformadores”, aman más la fama de intelectualismo y de la apariencia de sabiduría que puede dar el conocer la doctrina reformada y no por el contenido de ella. La teología no es un fin en sí mismo, la doctrina no es un fin en sí mismo. No creemos en la doctrina reformada para creer en la doctrina reformada. Creemos en la doctrina reformada para conocer a Dios, para amarle a Él con mayores afectos y deleites que posiblemente no podríamos tener si no tuviéramos hoy el legado de los reformadores. Por eso amamos esa verdad, que procede finalmente de la Palabra de Dios. Así que celebremos la reforma, no como una moda intelectual, sino como un medio para conocer verdades que nos permiten amar más a Dios en Cristo.

“Nosotros honramos a los reformadores, pero nuestra confianza no está en ellos. Nuestra confianza está en Cristo”.R.C. Sproul

3. Finalmente, celebremos la reforma protestante por amor a los perdidos, no por crear polémica

Desde su inicio, la doctrina reformada ha sido polémica. De hecho, la naturaleza misma de la reforma fue la protesta, así que no es extraño que genere polémica. Pero el objetivo de la reforma no es generar polémica, sino traer a las personas nuevamente el verdadero evangelio. Lutero lo dejó muy claro, su objetivo no era cambiar las tradiciones y la religión del pueblo. Su anhelo era que el pueblo pudiera conocer, de manera clara y entendible, el evangelio de Jesucristo. Es lamentable que los que hoy se llaman reformados tengan más fama de polémicos que de compasivos con las personas. La reforma se centra en el evangelio, y el evangelio nos hace compasivos, y si genera polémica es por amor a las personas, no para demostrar conocimiento. Si vamos a celebrar la reforma hoy, hagámoslo rogando al Señor que el evangelio vuelva a tener el gran impacto que tuvo en ese tiempo. La reforma hoy no se trata de tener eruditos, sino de que el evangelio “corra y sea glorificado”. (2 Tesalonicenses 3:1)

Según nuestras motivaciones Dios puede ser glorificado o deshonrado al nosotros celebrar el gran día de los 500 años de la reforma protestante. ¿Cuál es tu motivación?

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