Es lamentable tener que reconocer la mala imagen que tiene el cristianismo entre los escépticos de la ciudad; y es aún más lamentable porque no siempre es una perspectiva injusta. Entre todos los calificativos que tal vez se escuchan comúnmente acerca de los cristianos, hay uno que me llama mucho la atención y personalmente me duele que parezca verdad. Es el calificativo de “borregos”.

El término “borrego” usado como adjetivo en una persona, describe a alguien ignorante que se deja convencer de cualquier cosa, sin ningún tipo de argumento, y sin refutar nada. Es ese tipo de persona que se deja engañar y estafar con facilidad por cualquier doctrina, ideología o persona con apariencia de autoridad. Lamentablemente, para muchos escépticos los cristianos somos simplemente “borregos”.

Lo más triste de todo es que en muchos casos tienen razón. ¿Cuántos de nosotros hemos escuchado el testimonio de personas que aseguran haber sido robados literalmente en las iglesias? Personas que entregaron todo, pensando que Dios les iba a multiplicar sus diezmos, cuando en realidad estaban sometidos a una manipulación emocional para enriquecer al que se hace llamar “pastor”. ¿Cuántas personas andan por la calle diciendo que son cristianos, promocionando una retahíla de ideologías políticas y sociales, sin ni siquiera saber qué significan, cuáles son sus argumentos (especialmente argumentos bíblicos), o en qué se fundamentan? Por esas razones y otras más, ante los ojos escépticos bogotanos los cristianos somos “borregos”.

Lo increíble es que hubo un tiempo en el que el cristianismo era sinónimo de sabiduría, conocimiento y profundidad intelectual. Hubo un tiempo en el que los grandes pensadores, filósofos y científicos eran cristianos. Las más importantes universidades del mundo fueron fundadas por cristianos dedicados al conocimiento y proclamación de la verdad, tales como Harvard, Yale y Princeton. Hubo un tiempo en el que los pastores no eran conocidos por robarle la plata a la gente, o convencerlos de ideas sin fundamento, sino que eran hombres dignos de confianza, sinónimos de sabiduría, integridad y profundidad en una cosmovisión sobria y lógica de la vida y el mundo. Ese tiempo ya quedó atrás y sinceramente a Bogotá nunca llegó.

Y no es de asombrar que el cristianismo tuviera en otro tiempo ese enfoque intelectual, ya que el cristianismo en sí mismo implica educación, no ignorancia. El apóstol Pablo define su ministerio de esta forma:

“A El nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de poder presentar a todo hombre maduro en Cristo.” – Colosenses 1:28

Y más adelante escribe:

“Mirad que nadie os haga cautivos por medio de su filosofía y vanas sutilezas, según la tradición de los hombres, conforme a los principios elementales del mundo y no según Cristo.” – Colosenses 2:8

Precisamente la preocupación del apóstol Pablo era que los creyentes fueran todo menos “borregos”. El ministerio cristiano bíblico es una ministerio de enseñanza con argumentos, con fundamentos sólidos, lógicos y bíblicos, que permitan “dar razón a la esperanza que hay en nosotros.” (1 Pedro 3:15)

¿Qué se requiere para que en Bogotá se vea un cristianismo de ese perfil, un cristianismo sabio, bíblico y no ignorante? Es imposible responder completamente esa pregunta en este corto artículo, así que simplemente propondré algunas ideas que pueden ayudar:

  • La iglesia cristiana en Bogotá necesita pastores preparados en la teología bíblica: no solo preparación en antropología, sociología o administración y liderazgo, sino en la Teología que surge de la Palabra de Dios.
  • La iglesia cristiana en Bogotá requiere con urgencia la predicación expositiva: no una predicación emocional, superficial y hueca, sino una predicación profunda, exegética, fiel a la intención original de los autores bíblicos.
  • La iglesia cristiana en Bogotá necesita ser educada con argumentos: no con el autoritarismo pastoral, sino con fundamentos racionales, bíblicos y lógicos que puedan defenderse con la Palabra de Dios y con la razón.
  • La iglesia cristiana en Bogotá necesita dejar de enfocarse en prosperidad y enfocarse en Cristo y Su Palabra.
  • La iglesia cristiana en Bogotá necesita regresar al evangelio como el centro y motor de la vida del creyente.
  • La iglesia cristiana en Bogotá necesita dejar la obsesión con las sanidades y los milagros, y más bien concentrarse en la gloria de Dios y de Jesucristo en el verdadero evangelio, que ya de por sí es suficientemente asombroso.
  • Finalmente, la iglesia cristiana en Bogotá necesita escarbar en la historia, y redescubrir esos fundamentos históricos que dan sentido a la doctrina y a la cosmovisión cristiana.

Le ruego al Señor que la iglesia cristiana en Bogotá pueda vivir una transformación de esta índole, de manera que dejemos de ser vistos como “borregos”, y pasemos a ser vistos como guías de nuestra sociedad.

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