La Reforma Protestante y la realidad colombiana hoy

Estamos celebrando los 500 años de la Reforma Protestante, y una de las aplicaciones más importantes que podemos hacer es reconocer su importancia en la historia colombiana y cómo hoy aprendemos de ella.

En la era medieval la inmensa mayoría de la población era campesina, pero no propietaria de la tierra. Tenían también la sensación que eran impotentes para cambiar las cosas, más aún, la iglesia les reforzaba esa idea enfatizando que los gobernantes eran levantados por Dios, y que la pobreza era el mejor camino para llegar al cielo. Su duro trabajo era resultado del castigo de Dios por el pecado, y por tanto seguir igual era una penitencia para expiar las culpas.

La Reforma trajo a sus vidas la Biblia, donde Dios enseñaba que cada ser humano es creado a imagen de Dios, el trabajo no es un castigo sino un modo de adoración a Dios y realización como siervo Suyo, y la participación en el gobierno de la creación y la sociedad, un derecho de cada individuo. El trabajo fiel y diligente de los ancianos de enseñar la Biblia desde el púlpito y en las casas trajo el entendimiento de lo que es un creyente en la esfera social. Ya no se admite la cosmovisión fatalista que “así son las cosas y nada podemos hacer”. Al contrario, eran participantes (o no participantes a causa de la desidia) de la realidad, y en cualquier manera, responsables ante Dios por lo que hacían o dejaban de hacer en procura de la transformación de ésta.

Es de allí que surgen los estados democráticos. Ya no se ve a los reyes y sacerdotes como “La autoridad”, la voz de Dios, sino como autoridades levantadas por Dios para cumplir la tarea de “La autoridad” absoluta, y quienes deben sujetarse a ella. Y los individuos son ahora “ciudadanos”, responsables también ante Dios y que reciben de Dios autoridad y responsabilidad de lo que sucede a su alrededor, en la sociedad. El poderoso concepto de “Sacerdocio universal del creyente”, que la Reforma rescató para cada creyente, al aplicarlo a la sociedad donde vivía lo convierte también en el “reinado universal del creyente”, es decir, que todos hemos recibido de algún modo, un llamado a participar, y por tanto recae sobre nosotros también la responsabilidad, por lo que sucede en nuestro contexto.

Una nefasta mala interpretación de la “separación el estado y la iglesia” sería caer en la actitud de que lo que sucede en nuestra sociedad no es de nuestra incumbencia, porque pertenecemos a la iglesia, a otro mundo, no a éste. Una correcta interpretación es reconocer que Dios levanta autoridades diferentes para el magisterio civil y el eclesiástico, interrelacionados en cuanto que ambos existen para honrar a Dios y para dirigir al pueblo, cada uno en su esfera, a la adoración en la vida y la sociedad. Caer en una nueva forma de monasticismo será renegar de la Reforma.

Hoy como ciudadanos creyentes en Colombia debemos tener claros varios puntos:

  1. Dios nos ha colocado en este país para vivir, ser luz, sal, y procurar que nuestra sociedad escuche el evangelio, y también para buscar su transformación hacia lo que Dios manda como convivencia social.
  2. Nos ha hecho vivir en un estado donde somos ciudadanos, tenemos derechos y deberes. Si no ejercemos los derechos ciudadanos (como votar, manifestarnos públicamente, firmar o no firmar para plebiscitos o referendos) en procura que los ideales morales cristianos, tales como el derecho a la vida, la no aceptación del homosexualismo como forma de vida válido, el que se respete la propiedad privada porque Dios le da a cada individuo autoridad sobre los bienes que Dios mismo le ha dado y no el estado (socialismo), etc., ¿qué vamos a decirle a Dios cuando estemos frente a él respecto a la responsabilidad ciudadana que nos dio?
  3. Puede ser que Dios permita que ganen los impíos, pero lo que no puede pasar es que los cristianos no hagamos nada para evitarlo.

Si Dios va a cambiar a Colombia, y por supuesto Él puede, usará a Sus instrumentos para hacerlo, como ya lo hizo antes, durante la Reforma Protestante.

Lo hará en primer lugar, dando a los pastores la convicción de predicar la Biblia y solo la Biblia desde el púlpito, fielmente. Lo hará con los padres que cada día están enseñando la Biblia y cómo aplicarla en la cotidianidad a sus hijos. Y lo hará con la participación del creyente en la vida civil, desde su trabajo, pero también desde su voz. El creyente colombiano es la luz y la sal de Colombia, su única esperanza de cambio. Es la poderosa voz profética de Jesucristo para una sociedad sumida en la crisis de la corrupción y perdida en la aberración del humanismo. La iglesia es la voz profética que muestra a Jesucristo, única con poder para cambiarlo todo.

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1 comentario

  1. Buen dia Dios los continue Bendiciendo.
    Desde la libertad de culto hemos visto un buen numero de cristianos (apostoles ,pastores ,etc) transitar por distintos puestos politicos y no se a cristianizado la politica creo que ha pasado todo lo contrario .
    Cuantos politicos han tenido un encuentro perdonal con Jesus???

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