Por estos días, la Alcaldía de Bogotá analizó las estadísticas de la delincuencia en la ciudad, y pudo advertir que buena parte de los hurtos a los incautos ciudadanos eran cometidos por motociclistas que se desplazaban con acompañante y aprovechaban este medio de transporte para huir rápidamente y evadir a las autoridades. Frente a esta situación, el Alcalde Mayor tomó la polémica medida de prohibir la circulación de motos con parrillero para tratar de reducir los índices de inseguridad en la ciudad.

Pero si bien es cierto que las autoridades locales pretenden contener de alguna forma a los maleantes que deambulan por las calles; existe una banda de cuatro asaltantes que se pasea por los hogares y las iglesias sin ningún tipo de restricción, y paradójicamente en vez de ser neutralizada cada vez que es detectada, sus víctimas terminan aceptándola y dándole la bienvenida, para que tranquilamente pueda huir llevándose consigo sus convicciones respecto al evangelio y de paso despojarlos de la verdad que hay en Cristo.

Conozca a los integrantes de la banda

El primer integrante de esta banda es la ignorancia bíblica, que dirige a los creyentes a incurrir en errores doctrinales, lo que les impide llegar a distinguir entre lo que es el verdadero evangelio y un evangelio diferente (Gálatas 1:6). La confusión que genera esta ausencia de un básico conocimiento acerca de la Escritura, influye en la manera en que aún cristianos genuinos ven a Dios, equiparándolo a una especie de “genio” que sale de una lámpara para cumplir los más excéntricos deseos, frotándolo con una liviana oración, dando por sentado que Deuteronomio 28, por ejemplo, les garantiza una vida holgada y libre de aflicciones en este mundo; lo cual, contradice lo dicho por la Palabra de Dios en varios pasajes de la Escritura, donde los hijos de Dios deben estar preparados para hacer frente al sufrimiento (Juan 16:33; 2 Timoteo 2:3; 3:12; Filipenses 1:29; 1 Pedro 3:17).

El segundo integrante que hace parte de la delincuencia organizada que asalta la verdad es la manipulación; con frecuencia algunos mercaderes de la fe, utilizan palabras fingidas para seducir a los incautos que tienen comezón de oír (2 Pedro 2:3), pues alimentando de alguna forma el orgullo y la autosuficiencia, encuentran salidas rápidas a los problemas que los aquejan, o se encaminan por un sendero de legalismo siendo despojados de la gracia que Dios ha otorgado por medio de nuestro Señor Jesucristo, para asirnos de su esperanza, no solo en época de crisis, sino también en tiempos de abundancia y prosperidad, donde somos fácilmente descuidados y atraídos a la autosuficiencia.

El tercer miembro que opera libremente, es la trivialidad espiritual, de alguna forma, algunos cristianos se “acostumbran” a llamar a Dios su Señor; sin embargo, están muy lejos de postrar sus vidas ante aquel que demanda, no solamente una fe sincera, sino la convicción y determinación de seguirle hasta la cruz (Lucas 9:23). En otras palabras, para muchos el camino de la cruz es una muletilla religiosa que les impide comprender el alto costo pagado por nuestro Señor y Redentor en el Calvario, olvidando que el Siervo Sufriente guardó silencio frente a sus angustiadores mientras era dirigido vilmente hacia la muerte para proveer vida eterna (Isaías 53:7). Por otro lado, otros pretenden vivir un cristianismo en sus propias fuerzas, batallando con sus instintos pecaminosos, al tiempo que continúan presos por la culpa, sin reconocer que cuando Jesús dijo. “Todo está consumado”, expió los pecados pasados, presentes y futuros, otorgando libertad a los cautivos quienes han sido libres de la condenación (Romanos 8:1).

Por último, la falsa esperanza, aunque resulta letal para asaltar la verdad, es acogida por muchos que desean construir un “cielo” en la tierra, y esperan confiadamente que un cambio de gobierno, el liderazgo humano, un cambio repentino de las circunstancias, o un golpe de suerte, transformarán de un momento a otro su situación de pobreza o enfermedad; ignorando que lo que ven nuestros ojos no va a mejorar, sino que va a empeorar mientras se acerca vertiginosamente hacia el final de los tiempos (2 Pedro 3:7). Aún así, es tiempo de reaccionar a esta realidad en nuestros corazones, preparándonos, no solo para enfrentar la delincuencia organizada que cada vez gana terreno en esta ciudad; sino también, para vivir expectantes y gozosos ante la realidad ineludible de la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo, porque nuestra redención está cerca (Lucas 21:28).

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