Palabras como ética y moral pueden sonar elaboradas, complejas y hasta incomprensibles. Sin embargo, son palabras muy utilizadas en nuestra sociedad. ¿Qué tanto conocemos la definición de estas palabras como para ser usadas tan regularmente? Bueno, creo que, si hiciéramos el ejercicio de preguntar a cierto número de personas que van caminando por la calle, las respuestas serían variadas. Pero no están lejos de proyectarse la ética y la moral a lo que es correcto y a la conducta. De hecho, diversas circunstancias nos llevan a utilizar estos términos y comprometiéndolos en situaciones cotidianas.

Alguien podría afirmar: “¡Pero eso no es ético!” A lo cual se le podría añadir: “¡Eso no está bien!” Otra persona podría decir: “¡No sea inmoral!” asociándolo a una conducta inapropiada. Entonces, ¿qué es ética y que es moral? Básicamente, la ética es la disciplina o rama del saber o sistema relacionado al estudio de lo que es bueno o malo (virtudes o vicios) y al estudio de los deberes del ser humano. Por su parte lo que es moral o moralidad define las conductas de la persona en cualquier sociedad, cultura o momento histórico. La diferencia entonces entre estos dos términos radica en que la moralidad describe lo que existe, mientras que la ética prescribe lo que debe ser. Espero no haya sido muy compleja la descripción como para no entenderse, pero agradezco al pastor Miguel Núñez (pastor de la Iglesia Bautista Internacional) por ofrecer estas sencillas, pero claras definiciones.

Ahora, teniendo en mente estas tesis en cuanto a la ética y la moral, vale la pena inquietarnos por cómo estás se están conduciendo en Bogotá. En una ciudad cosmopolita, contemporánea, multicultural y numerosa, la ética parece perder el horizonte, mientras la moral se afirma subjetivamente. Tanto así que ya no se sabe lo qué es lo realmente ético y qué es lo que determina lo que es moral. Aquí es donde quisiera remitirme un poco a la historia del hombre para comprender mejor la situación que nos acosa.

La ética es la disciplina o rama del saber o sistema relacionado al estudio de lo que es bueno o malo (virtudes o vicios) y al estudio de los deberes del ser humano. La moral define las conductas de la persona en cualquier sociedad, cultura o momento histórico.

El sistema de ética hoy en día viene determinado por el pensamiento individualista, es decir, que cada uno se hace a su estándar moral. No obstante, esto ha cambiado a lo largo de la historia: Por ejemplo, para antes del siglo XVII la sociedad venía siendo impactada por valores cristianos. El patrón de ética venía definido por la Palabra de Dios. Ya para el siglo XVII-XVIII (en el tiempo de la Reforma), se da un tiempo en que la razón toma lugar y la filosofía deísta es cambiada por la teísta, es decir, que el pensamiento humano avanza en querer conocer, no a Dios, sino a más de un dios. Más adelante, para la segunda mitad el siglo XIX, la teoría de la Evolución toma fuerza, así como el fortalecimiento del humanismo. Y ahora, para esta era contemporánea del siglo XX-XXI nos encontramos con una revolución moral-sexual. Se cuestiona todo, en especial viniendo de la élite social como los medios de comunicación (radio, TV, prensa).

¿Cómo fue que llegamos a esto? El modelo bíblico clásico muestra a un Dios inmanente (lejano, pero a la vez cercano). La inmanencia aprueba el involucramiento de Dios con la creación. Entonces, tenemos el lugar sobrenatural en donde está Dios y Él se revela al hombre; es allí en la naturaleza donde está el hombre y razona sobre lo sobrenatural. En este modelo, lo sagrado y lo secular no tienen separación. La vocación está directamente ligada con el pensamiento divino que es sagrado.

Tanto el pastor como el pintor glorifican a Dios en sus oficios; tanto el hombre como la mujer exaltan a Dios en medio de los roles definidos por Él.

Ahora, para la época de la iluminación o razón, el pensamiento acerca de la inmanencia de Dios se disuelve en la trascendencia de Su Persona en donde Él se desentiende de la creación y entonces la razón del hombre toma lugar para explicar a la persona de Dios. Se creía en el Dios de la Biblia, pero la revelación de Él en la naturaleza, en las Escrituras y en la conciencia es nula. Aquellos siglos en donde la Biblia era la norma de ética y moral en medio de la sociedad, no se requería estudiar ética. Pero como se cuestiona la revelación de Dios con el hombre, entonces se comienza a considerar la fundación de valores fuera de Él.

De allí surge el pensamiento secular, en donde el mundo define todo para el hombre fuera de Dios y sin ver a Dios comprometido en ningún área del pensamiento, o ética, o moral. Cada área humana fue afectada notoriamente por dejar a Dios a un lado. Por ejemplo, en cuanto a la ciencia en el momento antiguo todo se dirigía hacia el descubrimiento de la sabiduría de Dios; mientras que hoy la ciencia viene influenciada por la tecnología y los avances científicos determinando el deseo humano, como la manipulación genética para la sexualidad y otros. En la política, antes, existían un instituto en donde Dios gobierna todo e instituía autoridades a seguir y servir. Pero hoy en día el hombre busca que todo sea solucionado por el gobierno. En cuanto a la redención, se descansaba en la iglesia; luego en la universidad; y finalmente el gobierno se ve como objeto de redención, descartando la responsabilidad individual y autogobierno. El problema hoy en día radica en descansar en gobiernos humanos cuando no están regidos por la Palabra de Dios y que resuelven todo bajo iniciativas pecaminosas humanistas, es decir, centradas en el hombre buscando el equilibro, lo cual será imposible bajo autoridades humanas.

Todo esto se puede resumir en que la historia humana ha adoptado dos posturas: el absolutismo y el relativismo, y esto comprometiendo el concepto de lo que es verdad. La verdad es aquello que corresponde a la realidad. Por eso la verdad lo es, así lo creamos o no; la verdad es transcultural y se descubre, no se crea. Una verdad es cierta sin importar quien la sostenga, por eso es objetiva, racional y exclusiva. De manera que la verdad definida por Dios es real y absoluta, mientras que la verdad humana es circunstancial y relativa. Pero hoy en día no correspondemos a la verdad, porque hay muchas para la sociedad. Sin embargo, deseo llevar este artículo hacia un punto, porque cuando se trata de ética y moral, hay muchísimo por hablar y escribir.

La verdad definida por Dios es real y absoluta, mientras que la verdad humana es circunstancial y relativa.

La iglesia cristiana de hoy está comprometiendo la verdad y está arriesgando la ética y la moral que son absolutas en Dios. Dios es quien revela la verdad de la ética en Su creación, en Su Palabra y en la conciencia del hombre (Romanos 1:19-21). La ética cristiana se define como un sistema de principios que intentan integrar la filosofía y la teología bíblica como base y el filtro de las ideas y principios que nos permiten evaluar y vivir la vida correctamente. Es importante aclarar que lo que nos permite evaluar y vivir la vida correctamente es el poder el Espíritu Santo. No obstante, los sentidos y la mente ejercitada son tomados por el Espíritu para dirigirnos hacia el propósito ético definido por Dios. De forma que la ética cristiana viene determinada por la revelación de Dios y por Su carácter. Tiene un lineamiento deontológico, es decir, por razón del sentido humano. Es prescriptivo y tiene como el valor más alto el carácter de Dios, definiendo nuestras acciones por Su Palabra, para que finalmente el hombre rinda cuentas a su Creador.

Ante esta premisa, la iglesia cristiana en Bogotá ha descuidado seriamente esta noción, ya que, en medio de una cultura tan pluralizada y humanizada, está cediendo a principios universales prioritarios de Dios. Y no estoy hablando de no matar, no robar, no codiciar, de la homosexualidad, el adulterio y cosas semejantes. Estoy hablando de que la iglesia está consintiendo las pretensiones humanas que le favorezcan. Un ejemplo de ello es lo que se predica en los púlpitos. Se está exponiendo un mensaje antropocéntrico que beneficie los intereses del hombre, dejando a un lado la ética que Dios ha propuesto en procura de Su gloria. De esta manera, se predica prioritariamente la riqueza para los cristianos en el dinero, antes que la riqueza espiritual en el Evangelio. Se expone primeramente el valor intrínseco del hombre, antes que a Dios como fuente de valor para todo. Los sermones abundan para que el ser humano haga o deje de hacer esto o aquello, antes de exponer a Dios quien hace del hombre un ser absoluto, que se rige por Su verdad y hace del ser humano una criatura que proyecte a Dios.

La iglesia cristiana de hoy está comprometiendo la verdad y está arriesgando la ética y la moral que son absolutas en Dios. Dios es quien revela la verdad de la ética en Su creación, en Su Palabra y en la conciencia del hombre.

Alguien comentó alguna vez: “La ética cristiana es mucho más que simplemente seguir una lista de reglas que tú puedes chequear día a día. Es pensar mucho y cuidadosamente acerca de lo que significa ser un seguidor de Cristo en las decisiones diarias, con un respeto máximo por Dios y los demás.” No se trata de la ética en las grandes decisiones solamente, sino en todas las decisiones. En el principal mandamiento se condensa esta idea: Amar a Dios con todo nuestro corazón, toda nuestra alma, toda nuestra mente, todas nuestras fuerzas y amar al próximo como a uno mismo (Marcos 12:30). El cristiano debe ser un pensador, un hombre que piensa. La ética cristiana no tiene que ver solamente con la conducta; la conducta debe ser el resultado de un carácter transformado, conformado a lo que Dios dice.

Para vivir considerando la ética cristiana debemos tener conocimiento de la Palabra (Juan 17:17), la guía del Espíritu Santo (Juan 16:13), una mente bíblica, un carácter cristiano y sabiduría. La sabiduría es precisamente el cómo de las cosas, más que el qué. Por eso la sabiduría en las Escrituras se presenta como una habilidad. Es una manera de pensar correctamente, para así hablar y actuar acorde a ese pensamiento. El pensamiento determina el comportamiento (Romanos 12:2; Filipenses 4:8). La mente es el centro de operaciones y por eso debe estar muy bien definida y centrada porque la mente dirige el corazón, la voluntad, los objetivos. La mente piensa de acuerdo a los valores que acumula a través del tiempo. De allí la definición de valor que se concentra en algo que tiene mérito o significado para nosotros y que nos lleva a reaccionar o comportarnos de una forma determinada. Mis valores dan origen a mis emociones, sentimientos, deseos, hábitos y patrones de comportamiento. Esos valores, aunque no los tengamos presentes conscientemente, en algún momento explotan si están arraigados en nosotros.

A nuestra generación le ha faltado sabiduría, discernimiento, convicciones, carácter. No se trata de reglas, se trata de la transformación de la mente, porque la mente, en qué pensemos, determina nuestras convicciones. La convicción se afirma a pesar de los vientos de filosofía y moral que pueda proponer el hombre y que han afectado a la iglesia. ¿Por qué no tenemos una mente bíblica? Porque no reflexionamos. El sermón dominical debe ser reflexionado para ser practicado. La Biblia debe ser reflexionada (rumiar como dice el pastor Miguel Núñez), vez tras vez para buscar su aplicación. El pueblo debe discernir cualquier sermón o mensaje que escuche o lea, y la falta de discernimiento trae consecuencias lamentables.

Al venir a Cristo tenemos que examinar y reexaminar nuestros valores, de lo contrario seguiremos pensando y viviendo como antes, a la luz de lo cultural. Los viejos valores fueron absorbidos por mi mente por ósmosis, pero los nuevos valores deben ser recogidos de manera intencional. Así mismo, los viejos valores son como una bomba de tiempo que explota cuando menos esperamos. De ahí la importancia de cambiar mis valores. Los viejos valores pueden germinar y dar fruto malo cuando no fue transformado a tiempo en una circunstancia determinada. Los valores deben ser muy bien cultivados, esto, usando como fuente la Biblia, la mente de Dios, la raíz de la verdadera integridad. En las pequeñas cosas es donde en verdad se ejercita la ética cristiana.

Que Dios ayude al cristiano de Bogotá a adoptar la ética cristiana propuesta por Él mismo.

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